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The Cure y The National serán el gran colofón del Mad Cool Festival

La Welcome Party del Mad Cool Festival se expresó en castellano y catalán y a través del quejío y el autotune. Rosalía acaparó toda la atención el miércoles, en el estreno del festival, y dejó la puerta abierta al resto de artistas que, hasta el sábado, se subirán a los seis escenarios que el evento ofrece a los 75.000 asistentes que buscan cobijo en la música para combatir el calor.

Bon Iver, Vampire Weekend o Iggy Pop fueron algunos de los grandes nombres que retumbaron durante el segundo día de música en el recinto de Valdebebas – Ifema, que cerró a golpe de electrónica de la mano de The Chemical Brothers.

Este viernes, tercer día en este tramo de jornadas maratonianas, es el turno de The National The Smashing Pumpkins y Vetusta Morla. Los primeros celebrarán su 20º aniversario en el Mad Cool Stage (22.00 h). El quinteto estadounidense, todo un referente del indie-rock internacional, lanzó este año su octavo disco, I am easy to find.

A continuación, le tocará al grupo liderado por Billy Corgan: la banda de rock alternativo procedente de Chicago, The Smashing Pumpkins, actuará en el escenario Madrid te Abraza (23.35 h).

En cuanto a los madrileños Vetusta Morla (1.15 h), habituales en el círculo de festivales -también se pasarán este verano por el NOS Alive, el FIB, el Low o Arenal Sound-, son el otro plato fuerte de la penúltima noche.

Y, para finalizar, nada más y nada menos que The Cure, Years & Years y Prophets of Rage. La primera propuesta es una de las bandas más veneradas en Reino Unido: el año pasado reunieron en el Hyde Park de Londres la misma cifra de asistentes que se espera mañana en el festival (23.10 h).

Por su parte, la canción protesta la traerán Prophets of Rage (21.40 h). La banda estadounidense, formada en 2016, tocará una selección de sus mejores éxitos -de su Fight The Power a Killing In The Name- y nuevas canciones como Unfuck the World y la más reciente Hearts Afire.

Years & Years ofrecerá el último de los directos más esperados. La banda de pop británico traerá su nuevo disco, Palo Santo, con el que cerrará una edición que busca el perdón del público tras los problemas de organización que, el año pasado, pusieron en jaque su confianza.

El Mad Cool apuesta por bandas internacionales de culto, pero también da espacio a grupos emergentes y de la esfera independiente.

Este año, el rock se adueña del festival con bandas como The 1975, Mogwai o Milk Teeth, pero se hace sitio a otros géneros: apuesta por el renacer del tontipop, que vendrá de la mano de las madrileñas Cariño; por la electrónica del otro brazo de C. Tangana, el productor barcelonés Alizzz; o por el R&B de la autora de Let me down, la británica Jorja Smith.

El combustible inagotable de Iggy Pop enciende el Mad Cool

Tras la prefiesta con Rosalía, el festival Mad Cool encendió definitivamente este jueves todas las máquinas de su cuarta edición, con Iggy Pop como combustible inagotable y necesario para dar marcha a este gigantesco evento que en su primera jornada oficial fue visitado por 47.500 personas, lejos del tope de 75.000.

Inexplicable parece, visto lo visto, que la organización decidiera relegarlo al tercer escenario mientras en los espacios principales ni Bon Iver ni Lauryn Hill lograron prender del todo a las masas, que desde media tarde empezaron a llegar al recinto para disfrutar hasta la madrugada de otras bazas como Vampire Weekend, Noel Gallagher, The Hives o The Chemical Brothers.

Aún de día, el eterno Iggy Pop no defraudó a un público entregado que enloqueció cuando, descamisado como siempre, ha aparecido al ritmo de unos ladridos que vaticinaban que el clásico I Wanna Be Your Dog, de su etapa en The Stooges, abriría el concierto.

Pese a sus 72 años, el estadounidense demostró que conserva intacta la energía que le caracteriza y deleitó a todos con sus bailes histriónicos y el arsenal de temas clásicos, desde Gimme Danger hasta Some Weird Sin o Lust For Life, banda sonora de la película Trainspotting, de Danny Boyle.

Pero fue con The Passenger, quizá su tema más legendario, con el que terminó de encandilar a las miles de personas que corearon la canción a viva voz. Y cuando parecía que la energía de arranque no podía durar, interpretó un Search And Destroy con el que acabó en el foso, donde decenas de manos intentaban tocar a la leyenda, sin que este dejara de cantar, contonearse y saltar.

Bañado en sudor, el artista de la larga melena rubia cerró el concierto con No Fun y Sixteen, cuyo remate se vio solapado con el «Iggy Pop» que el público no dejó de corear hasta que el cantante desapareció del escenario sin bajar el puño en alto.

El de Lauryn Hill era uno de los directos que más dudas generaban fruto de su errática personalidad, que la llevó de convertirse en un fenómeno en ventas y críticas como embajadora del «neo soul» a un personaje extraño que nunca volvió a publicar más LP y que dejo de aparecer en los medios si no era para protagonizar escándalos.

Los recelos se avivaron cuando, transcurrida media hora del inicio previsto, la de New Jersey no había hecho acto de presencia. Al final, falsa alarma y, aunque tarde y en formato reducido, Madrid pudo disfrutar de su primera actuación en la ciudad, ya que ni por el 20 aniversario de su más celebrado trabajo, The Miseducation of Lauryn Hill (1997), que la proporcionó cinco premios Grammy, había pasado por aquí.

«¿Qué pasa, Madrid?», preguntó en perfecto español y algo de guasa, a treinta y tantos grados de temperatura y una pomposa chaqueta decorada con perlas y mil volantes y abullonados, sin perder nada de la actitud de barrio que la catapultaron, empapada en negritud, algo de reggae y r&b.

El tiempo no parece haber pasado por ella ni por su aterciopelada voz, pero sí por la memoria popular de un disco que fue mítico. Al recuerdo no ayudaron unas versiones vivas, pero muy deconstruidas, lo que derivó en un concierto con escasa implicación del público, solo conectado por momentos, como al final, cuando ejecutó Do Woop (That Thing) y su reinterpretación de Killing Me Softly With His Song.

A su término ha llegado el turno del extraño fenómeno de Bon Iver, músico que revolucionó con su esquema de intimismo electrónico la música emocional en discos como For Emma, Forever Ago (2007) y, sobre todo, con Bon Iver (2011).

El público lo abrazó como un mesías hasta el previo 22, A Million (2016), un trabajo aún más obsesivo que la crítica elevó a los altares pero que sus seguidores no apreciaron en la misma medida, creciendo la espiral del silencio en el sentido inverso: Bon Iver pasó «de molar a dormir a las ovejas».

Y el problema principal, algo que no alentaba precisamente a las masas a acudir a Mad Cool a disfrutar de su directo, es que, a punto de lanzar nuevo álbum, del que tocó un par de temas, pudiera enfocar su concierto en ese discutido disco previo, lo que este jueves en efecto se confirmó.

Aplicando a tope su afición vocal por el autotune, arrancó con Woods, a oscuras, simulando un paseo por el bosque en medio de una tormenta de luces efectista, a la que siguieron no pocos artificios sonoros, como si de una novela radiofónica de trama bélica se tratara, cargada de graves que removían a las primeras filas.

Frente a cortes artificiosos como 45_, que dejaban a los congregados un tanto fríos, destacaron la franqueza de Perth, con su tambor inicial que se transforma en terremoto sentimental, o poco después Skinny Love en un formato casi acústico que, entonces sí, erizó vellos.

Pasada la medianoche, Noel Gallagher irrumpió con sus High Flying Birds para seguir una curiosa estructura de repertorio en la que desgranó por orden las cinco primeras canciones de su último LP, Who Built The Moon? (2017), y casi repetir después la jugada con su más reciente EP, Black Star Dancing, cuyo tema homónimo sorprendió por su giro hacia el funk.

Fue a partir del ecuador cuando el mancuniano ofreció lo que muchos ansiaban, las esperadas dosis de Oasis, que multiplicaron presencia en sus conciertos de los últimos años, quizás por la incorporación de dos exmiembros de la mítica banda, Gem Archer y Chris Sharrock.

«Son mis canciones, yo escribí la mayoría y forman parte de mi vida», reivindicaba el músico horas antes en una charla con Efe, ante la fuerza de himnos como Wonderwall y, ya en los bises, Don’t Look Back In Anger y el clásico con el que suele cerrar todas sus apariciones, All You Need Is Love, de The Beatles, necesarios himnos de un Mad Cool en busca de contacto y comunidad.

La de este viernes 12 de julio será otra jornada de música, más de diez horas con artistas como The National, The Smashing Pumpkins y Vetusta Morla.

Depeche Mode estarán en el Mad Cool Festival 2018

Depeche Mode son la nueva incorporación de este jueves al constantemente creciente cartel del Mad Cool Festival, cuya edición de 2018 tendrá lugar del 12 al 14 de julio en Madrid.

El grupo británico se suma así a una diversa propuesta musical que ya contaba con Queens of the Stone Age, Massive Attack, Future Islands, MGMT, Jack Johnson, Fleet Foxes, Real Estate, Ángel Stanich y Ofenbach.

Depeche Mode son una de las bandas clásicas de las últimas décadas. Lo certifican sus exitosas giras y los más de 100 millones de discos vendidos en todo el mundo durante sus 37 años de carrera.

Los británicos, que recientemente han publicado su decimocuarto disco (Spirit, 2017) son una pieza fundamental para entender el desarrollo y la evolución de géneros como la new wave, el synth pop o el rock gótico.

Dave Gahan (voz), Martin Gore (guitarra y teclado) y Andy Fletcher (teclado) comenzaron su carrera en Basildon (Essex, Inglaterra) en 1980. Alcanzaron el éxito casi en los inicios pero no fue hasta que comenzaron a cultivar un imaginario más oscuro y espiritual cuando se convirtieron en estrellas internacionales.

Con álbumes como Music for the Masses (1987) o Violator (1990) y hits como Just Can’t Get Enough, Never Personal Jesus o Enjoy The Silence, Depeche Mode llegarán a Mad Cool Festival 2018 embarcados en su Global Spirit Tour, con un repertorio renovado y plagado de clásicos.

Mad Cool se traslada de la Caja Mágica a un nuevo recinto ubicado al norte de Madrid. Esta localización, que lleva por nombre Espacio Mad Cool, está situado en Valdebebas – Ifema; se ha concebido para albergar a 80.000 personas y tiene una extensión de 100.000 metros cuadrados.

Este aumento de aforo (de 35.000 personas por día) responde a una «necesidad de evolución y crecimiento cuyo objetivo es hacer de Madrid, de una vez por todas, una ciudad de referencia para la música en directo de gran formato», según informa la organización.

La segunda novedad de la edición 2018 son los siete escenarios (en comparación con los cinco de la edición 2017) que protagonizarán el nuevo recinto Mad Cool. «Se amplía así la oferta y la variedad de bandas para satisfacer la demanda del público», destacan desde Mad Cool.

Además, el festival contará con una nueva y renovada zona de restauración. Se continuará apoyando a las distintas disciplinas artísticas con Mad Cool Gallery y el Mercado del Arte: espacios de encuentro en el que las creaciones de autor son las verdaderas protagonistas.

La organización continuará anunciando artistas del cartel para 2018 durante los próximos días. Información y abonos en la web oficial www.madcoolfestival.es

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