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Muere Camilo Sesto a los 72 años

Camilo Sesto (Alcoy, 1946) ha muerto este domingo a los 72 años de edad a causa de un fallo cardiorrespiratorio causado por una enfermedad renal, según han confirmado en su cuenta de Twitter. «Queridos amigos y amigas. Lamentamos mucho comunicaros que nuestro gran y querido artista Camilo Sesto nos acaba de dejar. Descanse en paz».

Eduardo Guervós, mánager del artista, ha confirmado en TVE que Camilo Sesto «empezó a ponerse malo el jueves, con vómitos, fiebre y otros síntomas», que le hicieron ingresar en la clínica Quirón de Madrid. En las últimas horas había sufrió dos fallos cardiorrespiratorios. «En el primero, ocurrido alrededor de la 1.40 de la madrugada (de este domingo), pensábamos que lo habíamos perdido, pero lo superó. En el segundo ya falleció, alrededor de las 4.30 de la madrugada», ha explicado Guervós.

Sesto tenía graves problemas renales desde hace un año, algo que ya le había hecho pasar por el hospital en 2018. En agosto de ese año, el cantante debió permanecer durante unos días en el hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) a causa de un cólico nefrítico. Entonces acudió al centro médico aquejado de un fuerte dolor lumbar, que, tras las pruebas pertinentes, fue diagnosticado como cólico reno ureteral. Recibió el alta el 3 de agosto tras superar la complicación.

«Tenía el riñón muy deteriorado, necesitaba diálisis y eso es lo que le había provocado que dejase de comer, beber…», ha contado Guervós.

Camilo Sesto nació como Camilo Blanes Cortés en Alcoy (Alicante) un 16 de septiembre de 1946. Cantante, compositor y productor, ha vendido más de 100 millones de discos y ha colocado 52 sencillos en el ‘número 1’ de las listas españolas.

A su faceta de cantante habría que añadir su condición menos conocida de compositor para artistas como Miguel Bosé (de quien también fue su descubridor), Ángela Carrasco, Lani Hall, José José, Sergio Fachelli o Francisco, entre otros.

Camilo también ha producido obras de éxito mundial como la adaptación de la ópera rock Jesucristo Superstar, la única que según el propio Andrew Lloyd Webber estaba a la altura del musical original y es responsable de la adaptación al castellano de Air Supply.

Las citas musicales que no te puedes perder este otoño: de Billie Eilish a Pixies, pasando por Alice Cooper

Artistas de éxito internacional como son la joven estadounidense Billie Eilish, Enrique Iglesias, Bryan Adams o Michael Bublé, se pasarán por España este otoño para hacer sonar los principales escenarios del país.

Billie Eilish, fenómeno mundial y reciente número 1 en Estados Unidos con su canción Bad guy, ofrecerá dos conciertos en España que supondrán además el reinicio del calendario musical: el 2 de septiembre en el Palau Sant Jordi de Barcelona y el 3 en el WiZink Center de Madrid.

Por su parte, el metal de Alice Cooper resonará con la gira Ol Black Eyes Is Back el día 7 del próximo mes, en el Palacio Vistalegre de la capital. Un día después, lo hará en el Sant Jordi Club de la ciudad condal.

Coincidirá con el último gran festival de la temporada estival, el DCode madrileño, aupado por la música de Two Door Cinema Club, Eels, Kaiser Chiefs, Miss Caffeina, Viva Suecia, La Casa Azul, Carolina Durante, Tom Odell y, como exclusivas, el estreno del nuevo disco de Amaral y la celebración de los suecos The  Cardigans por los 20 años de su Gran Turismo.

La girl band británica Little Mix esparcirá algo de su Magia negra pop en una única fecha en España, la primera además que ofrece en el país. Será el día 16 en el antiguo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid.

Poco después de cruzar el equinoccio de otoño, llegará Michael Bublé con su nuevo disco Love. Cinco años después de su última visita al país, el canadiense actuará el 27 de septiembre en el Palau Sant Jordi y el 28 en el WiZink Center.

Allí tendrá lugar el 16 de octubre la única actuación de la boy band de K-Pop Got7, así como la del astro del reguetón Nicky Jam el 31, aunque pasará antes por el Coliseum de A Coruña, concretamente el 12.

Por ambas ciudades pasará también en ese mes la gira de los veteranos Pixies para presentar su inminente nuevo disco Beneath the Eyrie. Estarán el 24 en la sala La Riviera de Madrid y el 26 en Coliseum, tras arrancar gira el día 23 en el Sant Jordi Club de Barcelona.

En noviembre, el día 2, el folk rock de The Lumineers recalará en el WiZink Center para presentar su álbum III y a continuación habrá una buena descarga de música en formatos más pequeños.

Lisa Stansfield pasará por San Sebastián (Teatro Victoria Eugenia, 11) y Barcelona (el Teatro Coliseum, día 12), en paralelo con su compatriota Mika, que también actuará ese día en la ciudad condal (sala Razzmatazz) y una jornada después en La Riviera.

El ganador de Eurovisión 2019, el holandés Duncan Laurence, tocará el 18 en la citada Razzmatazz 3 y el 19 en la madrileña Moby Dick. Además, la singular diva pop Charlie XCX se subirá el 20 a las tablas de La Riviera y el 22 a las de Razzmatazz, el mismo día que la emblemática banda alemana de new wave Alphaville estará en Ochoymedio. El 23 lo hará en la sala Apolo de Barcelona.

Tras su reciente paso por Mad Cool, retornan al país tanto Vampire Weekend (el día 25 para actuar en La Riviera y un día antes en Razzmatazz), como los jóvenes pero clásicos roqueros Greta Van Fleet (el 26 en el San Jordi Club).

La electrónica con trasfondo de Hot Chip pasará igualmente por La Riviera (28 de noviembre) y Razzmatazz (29). Y antes de que acabe el mes, José Luis Rodríguez El Puma inicia una gira española en el Teatro Rialto de Madrid (día 25), que seguidamente llegará al Teatro Campos de Bilbao (1 de diciembre), al Palau de la Música de Barcelona (3 de diciembre) y al Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria (6 de diciembre).

El mes de la Navidad anticipará algunos de sus mayores regalos. Así, Bryan Adams ofrecerá un extenso tour nacional desde el día 3 en el Palacio de los Deportes de Murcia y a continuación por el Polideportivo San Pablo de Sevilla (5), el WiZink Center (9), el Bizkaia Arena BEC de Bilbao (10) y el Palau Sant Jordi (11).

Enrique Iglesias, por su parte, ofrecerá un único concierto en el WiZink Center el día 7, aunque la suya no será la única actuación importante de un artista nacional a lo largo de estos meses.

Muy esperada es la breve gira de reencuentro Ni descanso, ni paz! de La Polla Records, que arranca en septiembre. Con Evaristo Páramos al frente pasarán por Valencia (plaza de toros, 20 y 21 de septiembre), Madrid (WiZink Center, 11 y 12 de octubre), Bilbao (BEC!, 18 y 19 de octubre) y Barcelona (Palau Sant Jordi, 26 de octubre).

Vanesa Martín volverá a espacios tan importantes como el Auditorio Rocío Jurado de Sevilla (20 de septiembre), WiZink Center (27) o el Palau Sant Jordi (15 de noviembre), al igual que Melendi, que pasará el 27 por la plaza de toros de Valencia, el 11 de octubre por el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza y el 21 de diciembre 2019 por el BEC! de Bilbao.

En octubre se inicia la gira «Renaissance» de Mónica Naranjo, con la que conmemora 25 años de su primer álbum. La llevará el día 2 al WiZink Center, el 12 al Auditorio Rocío Jurado de Sevilla, el 19 al Polideportivo Martín Carpena de Málaga y el 24 al Palau Sant Jordi.

El 26 de ese mes arranca la gira propiamente dicha de Amaral con Salto al color. Será en la plaza de toros de Alicante y les llevará al Coliseum de A Coruña (2 de noviembre), BEC! de Bilbao (23 de noviembre y el Sant Jordi Club de Barcelona (30 de noviembre), entre otros lugares.

La banda Berri Txarrak ofrecerá su primer concierto en el WiZink Center de Madrid el próximo 9 de noviembre, ocasión histórica que, como parte de su gira de despedida, constituirá además la última oportunidad de verles en la capital española. Además, los días 22 y 23 actuarán también en el Navarra Arena.

La Resurrección de Hombres G les llevará a lugares como la plaza de toros de Granada el 5 de octubre y al WiZink Center el 15 de noviembre, que dos días después será asimismo el escenario del homenaje a Enrique Urquijo titulado Desde que no nos vemos.

Los hermanos Muñoz arrancarán Fuego, la nueva gira de Estopa, el 15 de noviembre en el Navarra Arena de Pamplona. Con ella pasarán, entre otros puntos, por el Palau Sant Jordi (14 y 15 de diciembre) y WiZink Center (26 de diciembre).

Sigue de gira Manolo García, que por ejemplo ofrecerá tres fechas en el Palacio de Congresos de Valencia (6, 8 y 9 de noviembre), cinco en el de Madrid (21, 23, 24, 29 y 30) y siete en Barcelona (3, 4, 10 y 11 de diciembre en el Teatro Tívoli y 27 y 28 en el Palau de la Música).

Tras conquistar La Caja Mágica ante 30.000 personas, Marea regresa a Madrid el 21 de diciembre para actuar en el WiZink Center, espacio emblemático que ese mes recibirá además la gira «Raphael Sinphonico» el 19 y 20, a Miguel Poveda el 23 y el apoteósico final de tour de Vetusta Morla los días 27 y 28.

Rosalía logra tres nominaciones a los premios MTV Video Music Awards

La cantante Rosalía ha logrado este martes tres nominaciones en los premios Video Music Awards de la cadena MTV, una de las citas más destacadas en la industria musical y en la que la española será la única latina que competirá por el galardón a «mejor artista nuevo».

Además de esa nominación , en la que se batirá con el fenómeno internacional de Billie Eilish, Rosalía también ha logrado entrar en la de «mejor coreografía» por su colaboración junto al colombiano J. Balvin en Con Altura, con la que ambos concurren en la categoría dedicada al «mejor vídeo latino».

El resto de nominados en la categoría latina son: Anuel AA y Karol G por Secreto; Bad Bunny y Drake por MIA; Benny blanco, Tainy, Selena Gomez y J Balvin por I Can’t Get Enough; Daddy Yankee y Snow por Con Calma y, finalmente, Maluma por Mala Mía. Los premios se entregarán en una gala televisada el próximo 26 de agosto, el mismo espectáculo en el que Madonna y Michael Jackson deslumbraron.

Entre el resto de candidatos a estos galardones sobresalen Taylor Swift y Ariana Grande con 10 nominaciones cada una, incluyendo las categorías estrella de «mejor canción» y «vídeo del año». Grande, además, también está nominada a «artista del año» junto a Cardi B, Halsey, Jonas Brothers, Shawn Mendes y Billie Eilish, quien tras irrumpir con gran fuerza en el último año ha logrado 9 nominaciones, con importantes apartados como «vídeo del año» y «mejor artista nuevo».

Además del protagonismo latino, estos premios se rinden ante el fenómeno asiático del K-Pop con una categoría exclusiva para el género nacido en Corea del Sur y que incluye entre sus nominados a los grupos BTS y BLACKPINK, con una gran base de seguidores en el mundo occidental.

Por su parte, otro nuevo apartado, el del «vídeo para bien» premiará a los mejores clips musicales con motivos sociales. El público puede votar en las categorías principales a sus artistas favoritos desde la página web de la cadena musical mientras que un panel de expertos decidirá los ganadores de los premios técnicos.

The Cure y The National serán el gran colofón del Mad Cool Festival

La Welcome Party del Mad Cool Festival se expresó en castellano y catalán y a través del quejío y el autotune. Rosalía acaparó toda la atención el miércoles, en el estreno del festival, y dejó la puerta abierta al resto de artistas que, hasta el sábado, se subirán a los seis escenarios que el evento ofrece a los 75.000 asistentes que buscan cobijo en la música para combatir el calor.

Bon Iver, Vampire Weekend o Iggy Pop fueron algunos de los grandes nombres que retumbaron durante el segundo día de música en el recinto de Valdebebas – Ifema, que cerró a golpe de electrónica de la mano de The Chemical Brothers.

Este viernes, tercer día en este tramo de jornadas maratonianas, es el turno de The National The Smashing Pumpkins y Vetusta Morla. Los primeros celebrarán su 20º aniversario en el Mad Cool Stage (22.00 h). El quinteto estadounidense, todo un referente del indie-rock internacional, lanzó este año su octavo disco, I am easy to find.

A continuación, le tocará al grupo liderado por Billy Corgan: la banda de rock alternativo procedente de Chicago, The Smashing Pumpkins, actuará en el escenario Madrid te Abraza (23.35 h).

En cuanto a los madrileños Vetusta Morla (1.15 h), habituales en el círculo de festivales -también se pasarán este verano por el NOS Alive, el FIB, el Low o Arenal Sound-, son el otro plato fuerte de la penúltima noche.

Y, para finalizar, nada más y nada menos que The Cure, Years & Years y Prophets of Rage. La primera propuesta es una de las bandas más veneradas en Reino Unido: el año pasado reunieron en el Hyde Park de Londres la misma cifra de asistentes que se espera mañana en el festival (23.10 h).

Por su parte, la canción protesta la traerán Prophets of Rage (21.40 h). La banda estadounidense, formada en 2016, tocará una selección de sus mejores éxitos -de su Fight The Power a Killing In The Name- y nuevas canciones como Unfuck the World y la más reciente Hearts Afire.

Years & Years ofrecerá el último de los directos más esperados. La banda de pop británico traerá su nuevo disco, Palo Santo, con el que cerrará una edición que busca el perdón del público tras los problemas de organización que, el año pasado, pusieron en jaque su confianza.

El Mad Cool apuesta por bandas internacionales de culto, pero también da espacio a grupos emergentes y de la esfera independiente.

Este año, el rock se adueña del festival con bandas como The 1975, Mogwai o Milk Teeth, pero se hace sitio a otros géneros: apuesta por el renacer del tontipop, que vendrá de la mano de las madrileñas Cariño; por la electrónica del otro brazo de C. Tangana, el productor barcelonés Alizzz; o por el R&B de la autora de Let me down, la británica Jorja Smith.

Liam Gallagher ejerce de estrella del rock en la apertura del Bilbao BBK Live

Liam Gallagher, excantante de Oasis, ejerció de estrella del rock en la primera jornada del festival Bilbao BBK Live, con una actuación marcada por la nostalgia que despertaron en el público los temas de la recordada banda que lideró junto a su hermano Noel.

Además del ejercicio nostálgico planteado por Liam Gallagher, en la primera jornada del Bilbao BBK Live, con 35.800 asistentes, destacaron la atrevida propuesta musical y visual de Thom Yorke, vocalista y líder de la banda Radiohead, y la enérgica actuación de los madrileños Vetusta Morla.

Liam Gallagher fue el cabeza de cartel de la jornada y estuvo a la altura con su inconfundible presencia sobre el escenario, su característica voz y un repertorio musical en el que las canciones de Oasis hicieron el resto desde el mismo inicio de la actuación.

El lema «rock ‘n’ roll» que se podía leer en el escenario ya advertía de lo que se iba a encontrar el público ansioso por ver al ex de Oasis, y no pudo estar más claro cuando Gallagher saltó al escenario para cantar Rock ‘N’ Roll Star, uno de los clásicos de la banda que compartía con su hermano.

De esa forma, la estrella de la noche embarcó a los asistentes en un viaje al pasado en el que se coreó y disfrutó con temas como Slide Away, Roll With It, Cigarettes & Alcohol, o el imprescindible Wonderwall, que, como no podía ser de otra manera, fue el más coreado de la jornada.

Además de rememorar los gloriosos tiempos de Oasis, el concierto tuvo espacio para los temas de As You Were, el primer disco en solitario de Liam Gallager, publicado en 2017, y para los potentes Shockwave y The river, avances de su próximo trabajo Why Me? Why Not?

Para los bises reservó otras dos canciones de Oasis, Supersonic y Champagne Supernova, cantada con el único acompañamiento del piano, tras la cual el público se repartió por otros escenarios, entre ellos el segundo, donde actuó Thom Yorke, de gira con su último disco, titulado Anima.

El vocalista y líder de la banda Radiohead ofreció un espectáculo arriesgado y electrónico, reforzado por las proyecciones audiovisuales en el fondo del escenario, en el que junto a los temas de su nuevo trabajo repasó algunos de sus anteriores discos en solitario, Tomorrow’s Modern Boxes y The Eraser.

A Gallagher le precedió en el escenario principal Vetusta Morla, que regresó al festival tras cinco años de ausencia para triunfar con una actuación enérgica en la que su cantante Juan Pedro Martín, Pucho, no hdudó de mezclarse con los asistentes para cantar Mapas.

Los madrileños empezaron su concierto con Deséame suerte y Palmeras en La Mancha, de su último disco Mismo sitio, distinto lugar, para hacer un repaso a su trayectoria artística acompañados por un público que no se cansó de corear temas como Maldita dulzura, Copenhague, Sálvese quien pueda o Valiente.

Antes del cabeza de cartel de la jornada, los asistentes pudieron dividirse entre la experiencia sensorial que el compositor y productor alemán Nils Frahm ofreció en el segundo escenario del festival y el post-punk electrónico del duo británico Sleaford Mods.

Los encargados de abrir las actuaciones en el escenario principal en esta edición del festival fueron los sevillanos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, que mostraron su rock macarra y psicodélico ante el escaso público que había llegado al recinto a esa hora de la tarde.

También destacó el estadounidense John Grant, que llegó al Bilbao BBK Live con su último trabajo Love Is Magic, del que sonaron varios temas, como Tempest, en una actuación del agrado del público, que disfrutó de la cálida y profunda voz de Grant y de los toques synth-pop y electrónicos de algunas piezas.

El combustible inagotable de Iggy Pop enciende el Mad Cool

Tras la prefiesta con Rosalía, el festival Mad Cool encendió definitivamente este jueves todas las máquinas de su cuarta edición, con Iggy Pop como combustible inagotable y necesario para dar marcha a este gigantesco evento que en su primera jornada oficial fue visitado por 47.500 personas, lejos del tope de 75.000.

Inexplicable parece, visto lo visto, que la organización decidiera relegarlo al tercer escenario mientras en los espacios principales ni Bon Iver ni Lauryn Hill lograron prender del todo a las masas, que desde media tarde empezaron a llegar al recinto para disfrutar hasta la madrugada de otras bazas como Vampire Weekend, Noel Gallagher, The Hives o The Chemical Brothers.

Aún de día, el eterno Iggy Pop no defraudó a un público entregado que enloqueció cuando, descamisado como siempre, ha aparecido al ritmo de unos ladridos que vaticinaban que el clásico I Wanna Be Your Dog, de su etapa en The Stooges, abriría el concierto.

Pese a sus 72 años, el estadounidense demostró que conserva intacta la energía que le caracteriza y deleitó a todos con sus bailes histriónicos y el arsenal de temas clásicos, desde Gimme Danger hasta Some Weird Sin o Lust For Life, banda sonora de la película Trainspotting, de Danny Boyle.

Pero fue con The Passenger, quizá su tema más legendario, con el que terminó de encandilar a las miles de personas que corearon la canción a viva voz. Y cuando parecía que la energía de arranque no podía durar, interpretó un Search And Destroy con el que acabó en el foso, donde decenas de manos intentaban tocar a la leyenda, sin que este dejara de cantar, contonearse y saltar.

Bañado en sudor, el artista de la larga melena rubia cerró el concierto con No Fun y Sixteen, cuyo remate se vio solapado con el «Iggy Pop» que el público no dejó de corear hasta que el cantante desapareció del escenario sin bajar el puño en alto.

El de Lauryn Hill era uno de los directos que más dudas generaban fruto de su errática personalidad, que la llevó de convertirse en un fenómeno en ventas y críticas como embajadora del «neo soul» a un personaje extraño que nunca volvió a publicar más LP y que dejo de aparecer en los medios si no era para protagonizar escándalos.

Los recelos se avivaron cuando, transcurrida media hora del inicio previsto, la de New Jersey no había hecho acto de presencia. Al final, falsa alarma y, aunque tarde y en formato reducido, Madrid pudo disfrutar de su primera actuación en la ciudad, ya que ni por el 20 aniversario de su más celebrado trabajo, The Miseducation of Lauryn Hill (1997), que la proporcionó cinco premios Grammy, había pasado por aquí.

«¿Qué pasa, Madrid?», preguntó en perfecto español y algo de guasa, a treinta y tantos grados de temperatura y una pomposa chaqueta decorada con perlas y mil volantes y abullonados, sin perder nada de la actitud de barrio que la catapultaron, empapada en negritud, algo de reggae y r&b.

El tiempo no parece haber pasado por ella ni por su aterciopelada voz, pero sí por la memoria popular de un disco que fue mítico. Al recuerdo no ayudaron unas versiones vivas, pero muy deconstruidas, lo que derivó en un concierto con escasa implicación del público, solo conectado por momentos, como al final, cuando ejecutó Do Woop (That Thing) y su reinterpretación de Killing Me Softly With His Song.

A su término ha llegado el turno del extraño fenómeno de Bon Iver, músico que revolucionó con su esquema de intimismo electrónico la música emocional en discos como For Emma, Forever Ago (2007) y, sobre todo, con Bon Iver (2011).

El público lo abrazó como un mesías hasta el previo 22, A Million (2016), un trabajo aún más obsesivo que la crítica elevó a los altares pero que sus seguidores no apreciaron en la misma medida, creciendo la espiral del silencio en el sentido inverso: Bon Iver pasó «de molar a dormir a las ovejas».

Y el problema principal, algo que no alentaba precisamente a las masas a acudir a Mad Cool a disfrutar de su directo, es que, a punto de lanzar nuevo álbum, del que tocó un par de temas, pudiera enfocar su concierto en ese discutido disco previo, lo que este jueves en efecto se confirmó.

Aplicando a tope su afición vocal por el autotune, arrancó con Woods, a oscuras, simulando un paseo por el bosque en medio de una tormenta de luces efectista, a la que siguieron no pocos artificios sonoros, como si de una novela radiofónica de trama bélica se tratara, cargada de graves que removían a las primeras filas.

Frente a cortes artificiosos como 45_, que dejaban a los congregados un tanto fríos, destacaron la franqueza de Perth, con su tambor inicial que se transforma en terremoto sentimental, o poco después Skinny Love en un formato casi acústico que, entonces sí, erizó vellos.

Pasada la medianoche, Noel Gallagher irrumpió con sus High Flying Birds para seguir una curiosa estructura de repertorio en la que desgranó por orden las cinco primeras canciones de su último LP, Who Built The Moon? (2017), y casi repetir después la jugada con su más reciente EP, Black Star Dancing, cuyo tema homónimo sorprendió por su giro hacia el funk.

Fue a partir del ecuador cuando el mancuniano ofreció lo que muchos ansiaban, las esperadas dosis de Oasis, que multiplicaron presencia en sus conciertos de los últimos años, quizás por la incorporación de dos exmiembros de la mítica banda, Gem Archer y Chris Sharrock.

«Son mis canciones, yo escribí la mayoría y forman parte de mi vida», reivindicaba el músico horas antes en una charla con Efe, ante la fuerza de himnos como Wonderwall y, ya en los bises, Don’t Look Back In Anger y el clásico con el que suele cerrar todas sus apariciones, All You Need Is Love, de The Beatles, necesarios himnos de un Mad Cool en busca de contacto y comunidad.

La de este viernes 12 de julio será otra jornada de música, más de diez horas con artistas como The National, The Smashing Pumpkins y Vetusta Morla.

El Bilbao BBK Live celebra su edición más ecléctica

Los amantes de la música están de peregrinaje. Mientras unos aguardan en los campings la llegada de Vetusta Morla, The Strokes, Liam Gallagher, Thom Yorke, Rosalía, Weezer, Suede o Damon Albarn, otros continúan ascendiendo el monte Kobetamendi. Hasta ahí viajarán más de 100 artistas para celebrar la 14ª edición del Bilbao BBK Live, un festival de tres días que comienza este jueves y se alargará hasta el sábado.

Como es habitual, la programación del BBK se reparte en distintos escenarios. Esta edición contará con un total de 12, de los cuales siete estarán dentro del recinto del festival. Así, el escenario Nagusi acogerá a bandas emblemáticas como Liam Gallagher y Vetusta Morla (jueves), The Strokes y Rosalía (viernes) o Weezer y Hot Chip, que lo cerrarán el sábado.

En el Bestean, uno de los clásicos, contará con Thom Yorke Tomorrow’s Modern Boxes y Nils Frahm (jueves), Idles y Suede (viernes) o The Good, The Bad & The Queen (la superbanda de Damon Albarn, el sábado). Por su parte, el escenario Txiki ofrecerá más alternativas con Voidz, Mueveloreina y Pony Bravo.

La fiesta continúa en la carpa GORA! con los sets en directo de Nicola Cruz y Yaeji, Jonathan Bree o el show de HVOB. Mientras tanto, por el escenario Firestone pasarán otras bandas como Delaporte, Baiuca, Lester y Eliza, Georgia, Perro o Boy Azooga. Y el recinto BASOA estará dedicado a la electrónica con los artistas Honey Dijon, Midland, Octo Octa, Courtesy y Ketiov. Unos pasos más allá, el Lasai ofrece un programa más ‘tranquilo’ de la mano de varios DJ.

Y aún quedan entradas disponibles. Aunque la promotora Last Tour avanza que tienen previsto «rozar el lleno todos los días», todavía no se han vendido los 12.000 pases. Eso sí, los tickets para el viernes empiezan a escasear por tratarse del día «más potente». El público espera con ansia dos grandes actuaciones: la de Rosalía y la de The Strokes. «La cantante atrae a un público nacional, mientras que la banda internacional atrae a otro más genérico», explican desde la organización del festival.

Sin embargo, el precio es el mismo independientemente del espectáculo: 62 euros por día. También, desde la web oficial se puede adquirir un abono para los tres días, a un precio de 160 euros; por 15 euros más, incluye plaza en el camping.

Aquellos que no quieran subir hasta el monte Kobetamendi, también podrán disfrutar de conciertos gratuitos en la ciudad durante los días en los que se celebra el festival. Así, el escenario Heineken, situado en el Arenal, contará con las actuaciones de Pony Bravo (viernes, a las 13.00 h), Los Hermanos Cubero (sábado, a las 13.00 h) y Lorena Álvarez (también el sábado, a las 14.15 h). En el resto de escenarios urbanos se verá a artistas como Anni B Sweet, que viene a presentar su cuarto álbum, The Intergalactic Republic of Kongo, Venturi, Mujeres, Cariño o Gimnástica.

Las creadoras Inti Núñez y Erica Oubiña han sido seleccionadas para mostrar su colección cápsula en esta edición del festival. Su repertorio supone un viaje a los 90 a través del color, los estampados, los materiales y la silueta. Podrá adquirirse en la tienda del Museo Guggenheim de Bilbao y en el recinto del festival.

Ámsterdam rechaza acoger Eurovisión por falta de espacio y el turismo masivo

El Ayuntamiento de Ámsterdam se ha retirado de la carrera de ciudades candidatas a acoger el festival de Eurovisión 2020 justificando su decisión en la falta de espacios adecuados para celebrar un evento de esa magnitud, pero también por el turismo masivo que acarrearía, han confirmado fuentes municipales.

En una carta enviada al Consejo Municipal, la alcaldesa Femke Halsema, argumentó su decisión en la «falta de una ubicación adecuada» para acoger a todos los participantes, porque los grandes centros de conferencias Ziggo Dome y RAI, junto al Johan Cruyff Arena, están ya reservados para otros eventos en mayo del próximo año.

Una de las propuestas que tenía Ámsterdam es una ubicación de festivales temporal, con grandes tiendas de campaña, rodeada de camiones de comida y pabellones con música, pero resultó ser una opción «demasiado compleja», con muchas limitaciones, agregó la alcaldesa.

La decisión de Halsema no resulta sorprendente y se veía venir en el debate nacional desde que el holandés Duncan Laurence ganó el festival el pasado mayo en Tel Aviv, porque se busca aprovechar Eurovisión para atraer la atención y el turismo a otras ciudades menos masificadas del país, y aliviar así a Ámsterdam, visitada por millones de personas cada año.

La Haya y Breda también decidieron no presentar una oferta para acoger el festival de Eurovisión.

A día de hoy, hay cinco ciudades en la carrera para acoger el festival del próximo año, que se celebra en Holanda por primera vez en 44 años: Rotterdam, Utrecht, Bolduque, Arnhem y Maastricht.

Los candidatos tienen hasta el 10 de julio para entregar su oferta para organizar el festival y se espera que en el mes de agosto se anuncie la decisión definitiva sobre el anfitrión de Eurovisión 2020.

Rosalía enmudece a 40.000 personas en el arranque de un Mad Cool sin el caos del año pasado

Más flamenca, más electrónica, más urbana o más popera, desbocada o en susurros, en todos sus registros se llevó Rosalía de calle la apertura de la cuarta edición de Mad Cool, con unas 40.000 personas a las que empujó hasta este festival para llevarles tanto al éxtasis como al silencio.

Con ella y con otros artistas como Bring The Horizon y Lykke Li se celebró este miércoles la «Welcome Party» (fiesta de bienvenida) de la multitudinaria cita madrileña, una de las más populosas del país, que abría sus puertas en medio de muchas incertidumbres por los hechos del pasado año.

Frente al caos de la inauguración de esa edición ante el aumento exponencial de su aforo y el traslado a este nuevo espacio, la primera toma de contacto de Mad Cool 2019 se saldó con relativa normalidad, pocas colas en los accesos y sin atascos de tráfico al haberse restringido la circulación de vehículos privados en las inmediaciones (salvo para público con entrada VIP).

Desde la apertura de puertas y el inicio de la música en torno a las 17.30 horas con The Amazons y The Gulps, cientos de personas fueron llenando las instalaciones para disfrutar de actuaciones como el luminoso pop con sintetizadores de los británicos Metronomy y la lúdica fusión coloreada con metales de The Cat Empire, que contaron como invitado con Jairo Zabala, alias Depedro.

El objetivo, no obstante, estaba claro: Rosalía. Ama del hype actual y diva de fashionistas que no perdían la oportunidad de registrarlo todo gráficamente, fueron miles las personas que desde temprano buscaban un puesto frente al escenario principal para disfrutar de la hora de directo de la catalana en su primera actuación en Madrid en 2019.

Atrás quedaba su estreno en el festival Cultura Inquieta, hace poco más de un año, cuando aún no se había lanzado el exitoso El mal querer (2018) y el fenómeno solo se intuía, así como el estallido que supuso su actuación gratuita después en noviembre en la Plaza de Colón.

Su sola presencia en el escenario, embutida en unos leggins cortos dorados y un blusón de volantes, desató una locura de gritos convertida en un canto coral cuando se arrancó con los primeros versos de uno de sus temas más celebrados: «Me da miedo cuando sales / Sonriendo pa’ la calle / Porque todos pueden ver / Los hoyuelitos que te salen».

Como en sus anteriores conciertos, a Madrid llegó con la asistencia de dos palmeros, dos coristas, un nutrido cuerpo de bailarinas, todas de blanco, que amplificaban con sus movimientos impetuosos el drama de muchas de sus composiciones, y el toque de El Guincho adornando con su teclado y caja de ritmos las bases pregrabadas.

«¡Madrid, me hace muchísima, muchísima, muchísima ilusión estar aquí!», exclamó en varias ocasiones, dentro de un espectáculo en el que El mal querer ejerció de espina dorsal, pero en el que no dejó de anticipar temas inéditos, véase Como ali, De madrugá y Lo presiento.

No se dejó ni una versión a capella de su más reciente publicación, la rumba en catalán Milonària, que interpretaba por primera vez en directo y en la que los madrileños la acompañaron en la letra, igual que en los primeros compases del flamenco descarnado de Catalina, de su primer álbum, Los Ángeles, que consiguió enmudecer a la plana mayor de los miles de congregados.

Hasta con una versión de Te estoy amando locamente de Las Grecas se atrevió Rosalía, que tampoco dejó escapar canciones fruto de sus colaboraciones para otros discos, como la bella Barefoot In Tha Park, intimista pieza que grabó con James Blake, o más tarde Brillo, con J Balvin.

Cierto es que en un formato tan multitudinario se dispersa gran parte del sabor que Rosalía atesora en espacios más reducidos o íntimos y que el espectáculo perdió elementos escenográficos que la hicieron brillar por ejemplo a su paso por Sónar o Cultura Inquieta 2018, pero no cabe duda de que sigue habiendo mucho contenido que celebrar y una estrella de carácter a reivindicar.

Si Di mi nombre y Bagdad parecían haber puesto a los congregados en ebullición, no fue nada en comparación con el final bordado con su homenaje al reguetón clásico, Con altura, su celebración de la manicura y la personalidad en Aute Cuture (con bajada a la pista en un baño de masas) o Malamente, la definitiva explosión con la que todo comenzó.

Tras la actuación de Rosalía, llegó la sueca Lykke Li, con su pop rítmico e hipnótico, melancólico y sensual, preñado de r&b, para desgranar su último disco, el estupendo So Sad So Sexy (2018), en un espectáculo de luces tenebristas y cuero rojo que brilló especialmente con el tema titular y otros como Bad Woman en los que la norma es la nórdica contención con esporádicos latigazos.

I Follow Rivers, su ya viejo éxito internacional, no falló y levantó incluso a quienes no habían sabido superar el síndrome post-Rosalía, a tiempo para el final roquero de Bring Me The Horizon hasta pasada la medianoche.

Mad Cool regresa este jueves, con las máquinas ya a pleno rendimiento, para ofrecer en tres jornadas más de 30 horas de música y cabezas de cartel como The Cure, The Smashing Pumpkins, The National, Bon Iver, Lauryn Hill y Robyn, entre otros.

Rosalía sacude el Mad Cool

Bon Jovi tira de sus clásicos ochenteros y de coros para conquistar a 50.000 personas en el Wanda de Madrid

Con sus filas renovadas frente a un repertorio panorámico de 35 años en los que han vendido más de 130 millones de álbumes y han ofrecido más de 2.800 conciertos, Bon Jovi regresaron este domingo a España con un lifiting solo en el aspecto formal para acabar triunfando como siempre con su cara más clásica.

En una gira en la que están midiendo mucho los tiempos entre conciertos para no apurar las fuerzas, la banda ofreció una única cita en el país ante el aforo completo del Wanda Metropolitano, más de 50.000 personas, muchas de las cuales vivieron su anterior actuación en la ciudad, hace 6 años en el estadio Vicente Calderón, cuando la incluyeron sin cobrar un euro en plena crisis económica.

Junto a Jon Bon Jovi y los otros miembros fundadores David Bryan (teclados) y Tico Torres (batería), se presentó una alineación inédita en España integrada por el bajista Hugh McDonald, el multiinstrumententista Everett Bradley, el coproductor y compositor John Shanks y el guitarrista Phil X. «Nos hemos convertido en un nuevo y rejuvenecido grupo», prometía su líder en nota de prensa, una premisa que han intentado trasladar también al repertorio, no con un repaso intenso de su último álbum, This house is not for sale (2016), sino con un cribado de casi toda su discografía desde la publicación de Bon Jovi (1984), incluidos cortes de las menos exitosas últimas dos décadas.

Muy poco han tardado sin embargo en confiar en los grandes hits de los años 80 y primeros 90, pues tras el arranque con el corte que titula su último álbum, Bon Jovi encadenó Raise your hands, You give love a bad name y Born to be my baby, de sus celebrados álbumes Slippery when wet (198) y New Jersey (1988), que un tour más se han convertido en un importante granero de canciones.

Eso fue tras un arranque puntual, a las 22.00 horas de la noche, con un escenario menos artificioso que el frontal de buick de la vez anterior e integrado por tres colosales pantallas en las que proyectaron imágenes de Madrid que el público celebró como si se tratara de otro de los éxitos de su carrera. «¡Buenas noches, Madrid, es bueno estar de vuelta!», exclamó Jon Bon Jovi en español, para más júbilo de los asistentes que, como en anteriores conciertos en el Wanda Metropolitano, sufrieron una acústica borracha que hacía imposible no ya disfrutar de todo el empaque eléctrico y distinguir matices, sino las palabras que se cantaban.

Jon Bon Jovi estuvo alarmantemente falto de voz. Una dificultad resuelta con oficio vocal y con esas estudiadas poses de estrella y esas blanquísimas e irresistibles sonrisas que regala con la confianza de quien se sabe poseedor de un atractivo deslumbrante. Incluso algunas pistas de voz pregrabadas para apoyar también sonaron por ahí, convenientemente camufladas entre los coros de sus escuderos y los siempre necesarios aullidos del público disfrutón que prefiere cantar a escudriñar.

Un público lógicamente también más mayor y comprensivo, que perdona las carencias derivadas de la edad y que, después de pagar entradas desde 60 hasta 180 euros —las más cercanas al escenario—, incluso obvió como pudo la ‘acústica cáustica’ de este Wanda en el que ganar o perder dependió de la ubicación de cada cual.

Sin perder espíritu de júbilo en el ritmo del concierto se plantaron en el siglo XXI para interpretar temas tan recientes como Rollercoaster o Lost highway, aunque sus seguidores les demostraron con creces demandar mucho más aquellos temas «de hace 20 años, cuando llevaban el pelo largo», como Runaway, cuya singular secuencia inicial al sintetizador interrumpió como un rayo.

Ahí parece radicar el bálsamo antienvejecimiento de esta banda, que mantiene la fuerza en cortes relativamente recientes como Have a nice day, de 2005, pero que echa chispas a las cuerdas ante hits como Keep the faith, de 1992, que pese al tiempo transcurrido mantiene el tipo tan bien como Jon Bon Jovi, aún peinando canas a los 57 años de edad, no tanto como sus agudos. Para tomar aire, en el tramo cuyo guion suele variar según el concierto, esta vez se decantaron por las románticas Amen, teñida en azules, y Bed of roses, en rojos, otra compensación llegada desde el siglo pasado que fue recibida con suspiros al inicio y un mar de aplausos al final.

El canto efervescente colectivo regresó con otras dos explosiones de nostalgia: Blood on blood y, justo después, It’s my life, su último gran éxito planetario ya en la bisagra del cambio de la pasada centuria, tras los que han introducido Bless this mess, tercer y último corte extraído de This house is not for sale. A partir de ahí y de forma definitiva, el concierto tomó una vía directa a través del tiempo hacia la meta ganadora, entre la épica desértica de Wanted dead or alive, el punto góspel y comunal de Lay your hands on me, I’ll sleep when I’m dead y, sobre todo, con Bad medicine, un aparente colofón a dos horas de viaje energizante y bien distribuido al que aún le quedó gasolina para I’ll be there for you y, cómo no, Livin’ on a Prayer.

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