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The Cure y The National serán el gran colofón del Mad Cool Festival

La Welcome Party del Mad Cool Festival se expresó en castellano y catalán y a través del quejío y el autotune. Rosalía acaparó toda la atención el miércoles, en el estreno del festival, y dejó la puerta abierta al resto de artistas que, hasta el sábado, se subirán a los seis escenarios que el evento ofrece a los 75.000 asistentes que buscan cobijo en la música para combatir el calor.

Bon Iver, Vampire Weekend o Iggy Pop fueron algunos de los grandes nombres que retumbaron durante el segundo día de música en el recinto de Valdebebas – Ifema, que cerró a golpe de electrónica de la mano de The Chemical Brothers.

Este viernes, tercer día en este tramo de jornadas maratonianas, es el turno de The National The Smashing Pumpkins y Vetusta Morla. Los primeros celebrarán su 20º aniversario en el Mad Cool Stage (22.00 h). El quinteto estadounidense, todo un referente del indie-rock internacional, lanzó este año su octavo disco, I am easy to find.

A continuación, le tocará al grupo liderado por Billy Corgan: la banda de rock alternativo procedente de Chicago, The Smashing Pumpkins, actuará en el escenario Madrid te Abraza (23.35 h).

En cuanto a los madrileños Vetusta Morla (1.15 h), habituales en el círculo de festivales -también se pasarán este verano por el NOS Alive, el FIB, el Low o Arenal Sound-, son el otro plato fuerte de la penúltima noche.

Y, para finalizar, nada más y nada menos que The Cure, Years & Years y Prophets of Rage. La primera propuesta es una de las bandas más veneradas en Reino Unido: el año pasado reunieron en el Hyde Park de Londres la misma cifra de asistentes que se espera mañana en el festival (23.10 h).

Por su parte, la canción protesta la traerán Prophets of Rage (21.40 h). La banda estadounidense, formada en 2016, tocará una selección de sus mejores éxitos -de su Fight The Power a Killing In The Name- y nuevas canciones como Unfuck the World y la más reciente Hearts Afire.

Years & Years ofrecerá el último de los directos más esperados. La banda de pop británico traerá su nuevo disco, Palo Santo, con el que cerrará una edición que busca el perdón del público tras los problemas de organización que, el año pasado, pusieron en jaque su confianza.

El Mad Cool apuesta por bandas internacionales de culto, pero también da espacio a grupos emergentes y de la esfera independiente.

Este año, el rock se adueña del festival con bandas como The 1975, Mogwai o Milk Teeth, pero se hace sitio a otros géneros: apuesta por el renacer del tontipop, que vendrá de la mano de las madrileñas Cariño; por la electrónica del otro brazo de C. Tangana, el productor barcelonés Alizzz; o por el R&B de la autora de Let me down, la británica Jorja Smith.

Liam Gallagher ejerce de estrella del rock en la apertura del Bilbao BBK Live

Liam Gallagher, excantante de Oasis, ejerció de estrella del rock en la primera jornada del festival Bilbao BBK Live, con una actuación marcada por la nostalgia que despertaron en el público los temas de la recordada banda que lideró junto a su hermano Noel.

Además del ejercicio nostálgico planteado por Liam Gallagher, en la primera jornada del Bilbao BBK Live, con 35.800 asistentes, destacaron la atrevida propuesta musical y visual de Thom Yorke, vocalista y líder de la banda Radiohead, y la enérgica actuación de los madrileños Vetusta Morla.

Liam Gallagher fue el cabeza de cartel de la jornada y estuvo a la altura con su inconfundible presencia sobre el escenario, su característica voz y un repertorio musical en el que las canciones de Oasis hicieron el resto desde el mismo inicio de la actuación.

El lema «rock ‘n’ roll» que se podía leer en el escenario ya advertía de lo que se iba a encontrar el público ansioso por ver al ex de Oasis, y no pudo estar más claro cuando Gallagher saltó al escenario para cantar Rock ‘N’ Roll Star, uno de los clásicos de la banda que compartía con su hermano.

De esa forma, la estrella de la noche embarcó a los asistentes en un viaje al pasado en el que se coreó y disfrutó con temas como Slide Away, Roll With It, Cigarettes & Alcohol, o el imprescindible Wonderwall, que, como no podía ser de otra manera, fue el más coreado de la jornada.

Además de rememorar los gloriosos tiempos de Oasis, el concierto tuvo espacio para los temas de As You Were, el primer disco en solitario de Liam Gallager, publicado en 2017, y para los potentes Shockwave y The river, avances de su próximo trabajo Why Me? Why Not?

Para los bises reservó otras dos canciones de Oasis, Supersonic y Champagne Supernova, cantada con el único acompañamiento del piano, tras la cual el público se repartió por otros escenarios, entre ellos el segundo, donde actuó Thom Yorke, de gira con su último disco, titulado Anima.

El vocalista y líder de la banda Radiohead ofreció un espectáculo arriesgado y electrónico, reforzado por las proyecciones audiovisuales en el fondo del escenario, en el que junto a los temas de su nuevo trabajo repasó algunos de sus anteriores discos en solitario, Tomorrow’s Modern Boxes y The Eraser.

A Gallagher le precedió en el escenario principal Vetusta Morla, que regresó al festival tras cinco años de ausencia para triunfar con una actuación enérgica en la que su cantante Juan Pedro Martín, Pucho, no hdudó de mezclarse con los asistentes para cantar Mapas.

Los madrileños empezaron su concierto con Deséame suerte y Palmeras en La Mancha, de su último disco Mismo sitio, distinto lugar, para hacer un repaso a su trayectoria artística acompañados por un público que no se cansó de corear temas como Maldita dulzura, Copenhague, Sálvese quien pueda o Valiente.

Antes del cabeza de cartel de la jornada, los asistentes pudieron dividirse entre la experiencia sensorial que el compositor y productor alemán Nils Frahm ofreció en el segundo escenario del festival y el post-punk electrónico del duo británico Sleaford Mods.

Los encargados de abrir las actuaciones en el escenario principal en esta edición del festival fueron los sevillanos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, que mostraron su rock macarra y psicodélico ante el escaso público que había llegado al recinto a esa hora de la tarde.

También destacó el estadounidense John Grant, que llegó al Bilbao BBK Live con su último trabajo Love Is Magic, del que sonaron varios temas, como Tempest, en una actuación del agrado del público, que disfrutó de la cálida y profunda voz de Grant y de los toques synth-pop y electrónicos de algunas piezas.

El combustible inagotable de Iggy Pop enciende el Mad Cool

Tras la prefiesta con Rosalía, el festival Mad Cool encendió definitivamente este jueves todas las máquinas de su cuarta edición, con Iggy Pop como combustible inagotable y necesario para dar marcha a este gigantesco evento que en su primera jornada oficial fue visitado por 47.500 personas, lejos del tope de 75.000.

Inexplicable parece, visto lo visto, que la organización decidiera relegarlo al tercer escenario mientras en los espacios principales ni Bon Iver ni Lauryn Hill lograron prender del todo a las masas, que desde media tarde empezaron a llegar al recinto para disfrutar hasta la madrugada de otras bazas como Vampire Weekend, Noel Gallagher, The Hives o The Chemical Brothers.

Aún de día, el eterno Iggy Pop no defraudó a un público entregado que enloqueció cuando, descamisado como siempre, ha aparecido al ritmo de unos ladridos que vaticinaban que el clásico I Wanna Be Your Dog, de su etapa en The Stooges, abriría el concierto.

Pese a sus 72 años, el estadounidense demostró que conserva intacta la energía que le caracteriza y deleitó a todos con sus bailes histriónicos y el arsenal de temas clásicos, desde Gimme Danger hasta Some Weird Sin o Lust For Life, banda sonora de la película Trainspotting, de Danny Boyle.

Pero fue con The Passenger, quizá su tema más legendario, con el que terminó de encandilar a las miles de personas que corearon la canción a viva voz. Y cuando parecía que la energía de arranque no podía durar, interpretó un Search And Destroy con el que acabó en el foso, donde decenas de manos intentaban tocar a la leyenda, sin que este dejara de cantar, contonearse y saltar.

Bañado en sudor, el artista de la larga melena rubia cerró el concierto con No Fun y Sixteen, cuyo remate se vio solapado con el «Iggy Pop» que el público no dejó de corear hasta que el cantante desapareció del escenario sin bajar el puño en alto.

El de Lauryn Hill era uno de los directos que más dudas generaban fruto de su errática personalidad, que la llevó de convertirse en un fenómeno en ventas y críticas como embajadora del «neo soul» a un personaje extraño que nunca volvió a publicar más LP y que dejo de aparecer en los medios si no era para protagonizar escándalos.

Los recelos se avivaron cuando, transcurrida media hora del inicio previsto, la de New Jersey no había hecho acto de presencia. Al final, falsa alarma y, aunque tarde y en formato reducido, Madrid pudo disfrutar de su primera actuación en la ciudad, ya que ni por el 20 aniversario de su más celebrado trabajo, The Miseducation of Lauryn Hill (1997), que la proporcionó cinco premios Grammy, había pasado por aquí.

«¿Qué pasa, Madrid?», preguntó en perfecto español y algo de guasa, a treinta y tantos grados de temperatura y una pomposa chaqueta decorada con perlas y mil volantes y abullonados, sin perder nada de la actitud de barrio que la catapultaron, empapada en negritud, algo de reggae y r&b.

El tiempo no parece haber pasado por ella ni por su aterciopelada voz, pero sí por la memoria popular de un disco que fue mítico. Al recuerdo no ayudaron unas versiones vivas, pero muy deconstruidas, lo que derivó en un concierto con escasa implicación del público, solo conectado por momentos, como al final, cuando ejecutó Do Woop (That Thing) y su reinterpretación de Killing Me Softly With His Song.

A su término ha llegado el turno del extraño fenómeno de Bon Iver, músico que revolucionó con su esquema de intimismo electrónico la música emocional en discos como For Emma, Forever Ago (2007) y, sobre todo, con Bon Iver (2011).

El público lo abrazó como un mesías hasta el previo 22, A Million (2016), un trabajo aún más obsesivo que la crítica elevó a los altares pero que sus seguidores no apreciaron en la misma medida, creciendo la espiral del silencio en el sentido inverso: Bon Iver pasó «de molar a dormir a las ovejas».

Y el problema principal, algo que no alentaba precisamente a las masas a acudir a Mad Cool a disfrutar de su directo, es que, a punto de lanzar nuevo álbum, del que tocó un par de temas, pudiera enfocar su concierto en ese discutido disco previo, lo que este jueves en efecto se confirmó.

Aplicando a tope su afición vocal por el autotune, arrancó con Woods, a oscuras, simulando un paseo por el bosque en medio de una tormenta de luces efectista, a la que siguieron no pocos artificios sonoros, como si de una novela radiofónica de trama bélica se tratara, cargada de graves que removían a las primeras filas.

Frente a cortes artificiosos como 45_, que dejaban a los congregados un tanto fríos, destacaron la franqueza de Perth, con su tambor inicial que se transforma en terremoto sentimental, o poco después Skinny Love en un formato casi acústico que, entonces sí, erizó vellos.

Pasada la medianoche, Noel Gallagher irrumpió con sus High Flying Birds para seguir una curiosa estructura de repertorio en la que desgranó por orden las cinco primeras canciones de su último LP, Who Built The Moon? (2017), y casi repetir después la jugada con su más reciente EP, Black Star Dancing, cuyo tema homónimo sorprendió por su giro hacia el funk.

Fue a partir del ecuador cuando el mancuniano ofreció lo que muchos ansiaban, las esperadas dosis de Oasis, que multiplicaron presencia en sus conciertos de los últimos años, quizás por la incorporación de dos exmiembros de la mítica banda, Gem Archer y Chris Sharrock.

«Son mis canciones, yo escribí la mayoría y forman parte de mi vida», reivindicaba el músico horas antes en una charla con Efe, ante la fuerza de himnos como Wonderwall y, ya en los bises, Don’t Look Back In Anger y el clásico con el que suele cerrar todas sus apariciones, All You Need Is Love, de The Beatles, necesarios himnos de un Mad Cool en busca de contacto y comunidad.

La de este viernes 12 de julio será otra jornada de música, más de diez horas con artistas como The National, The Smashing Pumpkins y Vetusta Morla.

El Bilbao BBK Live celebra su edición más ecléctica

Los amantes de la música están de peregrinaje. Mientras unos aguardan en los campings la llegada de Vetusta Morla, The Strokes, Liam Gallagher, Thom Yorke, Rosalía, Weezer, Suede o Damon Albarn, otros continúan ascendiendo el monte Kobetamendi. Hasta ahí viajarán más de 100 artistas para celebrar la 14ª edición del Bilbao BBK Live, un festival de tres días que comienza este jueves y se alargará hasta el sábado.

Como es habitual, la programación del BBK se reparte en distintos escenarios. Esta edición contará con un total de 12, de los cuales siete estarán dentro del recinto del festival. Así, el escenario Nagusi acogerá a bandas emblemáticas como Liam Gallagher y Vetusta Morla (jueves), The Strokes y Rosalía (viernes) o Weezer y Hot Chip, que lo cerrarán el sábado.

En el Bestean, uno de los clásicos, contará con Thom Yorke Tomorrow’s Modern Boxes y Nils Frahm (jueves), Idles y Suede (viernes) o The Good, The Bad & The Queen (la superbanda de Damon Albarn, el sábado). Por su parte, el escenario Txiki ofrecerá más alternativas con Voidz, Mueveloreina y Pony Bravo.

La fiesta continúa en la carpa GORA! con los sets en directo de Nicola Cruz y Yaeji, Jonathan Bree o el show de HVOB. Mientras tanto, por el escenario Firestone pasarán otras bandas como Delaporte, Baiuca, Lester y Eliza, Georgia, Perro o Boy Azooga. Y el recinto BASOA estará dedicado a la electrónica con los artistas Honey Dijon, Midland, Octo Octa, Courtesy y Ketiov. Unos pasos más allá, el Lasai ofrece un programa más ‘tranquilo’ de la mano de varios DJ.

Y aún quedan entradas disponibles. Aunque la promotora Last Tour avanza que tienen previsto «rozar el lleno todos los días», todavía no se han vendido los 12.000 pases. Eso sí, los tickets para el viernes empiezan a escasear por tratarse del día «más potente». El público espera con ansia dos grandes actuaciones: la de Rosalía y la de The Strokes. «La cantante atrae a un público nacional, mientras que la banda internacional atrae a otro más genérico», explican desde la organización del festival.

Sin embargo, el precio es el mismo independientemente del espectáculo: 62 euros por día. También, desde la web oficial se puede adquirir un abono para los tres días, a un precio de 160 euros; por 15 euros más, incluye plaza en el camping.

Aquellos que no quieran subir hasta el monte Kobetamendi, también podrán disfrutar de conciertos gratuitos en la ciudad durante los días en los que se celebra el festival. Así, el escenario Heineken, situado en el Arenal, contará con las actuaciones de Pony Bravo (viernes, a las 13.00 h), Los Hermanos Cubero (sábado, a las 13.00 h) y Lorena Álvarez (también el sábado, a las 14.15 h). En el resto de escenarios urbanos se verá a artistas como Anni B Sweet, que viene a presentar su cuarto álbum, The Intergalactic Republic of Kongo, Venturi, Mujeres, Cariño o Gimnástica.

Las creadoras Inti Núñez y Erica Oubiña han sido seleccionadas para mostrar su colección cápsula en esta edición del festival. Su repertorio supone un viaje a los 90 a través del color, los estampados, los materiales y la silueta. Podrá adquirirse en la tienda del Museo Guggenheim de Bilbao y en el recinto del festival.

Ámsterdam rechaza acoger Eurovisión por falta de espacio y el turismo masivo

El Ayuntamiento de Ámsterdam se ha retirado de la carrera de ciudades candidatas a acoger el festival de Eurovisión 2020 justificando su decisión en la falta de espacios adecuados para celebrar un evento de esa magnitud, pero también por el turismo masivo que acarrearía, han confirmado fuentes municipales.

En una carta enviada al Consejo Municipal, la alcaldesa Femke Halsema, argumentó su decisión en la «falta de una ubicación adecuada» para acoger a todos los participantes, porque los grandes centros de conferencias Ziggo Dome y RAI, junto al Johan Cruyff Arena, están ya reservados para otros eventos en mayo del próximo año.

Una de las propuestas que tenía Ámsterdam es una ubicación de festivales temporal, con grandes tiendas de campaña, rodeada de camiones de comida y pabellones con música, pero resultó ser una opción «demasiado compleja», con muchas limitaciones, agregó la alcaldesa.

La decisión de Halsema no resulta sorprendente y se veía venir en el debate nacional desde que el holandés Duncan Laurence ganó el festival el pasado mayo en Tel Aviv, porque se busca aprovechar Eurovisión para atraer la atención y el turismo a otras ciudades menos masificadas del país, y aliviar así a Ámsterdam, visitada por millones de personas cada año.

La Haya y Breda también decidieron no presentar una oferta para acoger el festival de Eurovisión.

A día de hoy, hay cinco ciudades en la carrera para acoger el festival del próximo año, que se celebra en Holanda por primera vez en 44 años: Rotterdam, Utrecht, Bolduque, Arnhem y Maastricht.

Los candidatos tienen hasta el 10 de julio para entregar su oferta para organizar el festival y se espera que en el mes de agosto se anuncie la decisión definitiva sobre el anfitrión de Eurovisión 2020.

Rosalía enmudece a 40.000 personas en el arranque de un Mad Cool sin el caos del año pasado

Más flamenca, más electrónica, más urbana o más popera, desbocada o en susurros, en todos sus registros se llevó Rosalía de calle la apertura de la cuarta edición de Mad Cool, con unas 40.000 personas a las que empujó hasta este festival para llevarles tanto al éxtasis como al silencio.

Con ella y con otros artistas como Bring The Horizon y Lykke Li se celebró este miércoles la «Welcome Party» (fiesta de bienvenida) de la multitudinaria cita madrileña, una de las más populosas del país, que abría sus puertas en medio de muchas incertidumbres por los hechos del pasado año.

Frente al caos de la inauguración de esa edición ante el aumento exponencial de su aforo y el traslado a este nuevo espacio, la primera toma de contacto de Mad Cool 2019 se saldó con relativa normalidad, pocas colas en los accesos y sin atascos de tráfico al haberse restringido la circulación de vehículos privados en las inmediaciones (salvo para público con entrada VIP).

Desde la apertura de puertas y el inicio de la música en torno a las 17.30 horas con The Amazons y The Gulps, cientos de personas fueron llenando las instalaciones para disfrutar de actuaciones como el luminoso pop con sintetizadores de los británicos Metronomy y la lúdica fusión coloreada con metales de The Cat Empire, que contaron como invitado con Jairo Zabala, alias Depedro.

El objetivo, no obstante, estaba claro: Rosalía. Ama del hype actual y diva de fashionistas que no perdían la oportunidad de registrarlo todo gráficamente, fueron miles las personas que desde temprano buscaban un puesto frente al escenario principal para disfrutar de la hora de directo de la catalana en su primera actuación en Madrid en 2019.

Atrás quedaba su estreno en el festival Cultura Inquieta, hace poco más de un año, cuando aún no se había lanzado el exitoso El mal querer (2018) y el fenómeno solo se intuía, así como el estallido que supuso su actuación gratuita después en noviembre en la Plaza de Colón.

Su sola presencia en el escenario, embutida en unos leggins cortos dorados y un blusón de volantes, desató una locura de gritos convertida en un canto coral cuando se arrancó con los primeros versos de uno de sus temas más celebrados: «Me da miedo cuando sales / Sonriendo pa’ la calle / Porque todos pueden ver / Los hoyuelitos que te salen».

Como en sus anteriores conciertos, a Madrid llegó con la asistencia de dos palmeros, dos coristas, un nutrido cuerpo de bailarinas, todas de blanco, que amplificaban con sus movimientos impetuosos el drama de muchas de sus composiciones, y el toque de El Guincho adornando con su teclado y caja de ritmos las bases pregrabadas.

«¡Madrid, me hace muchísima, muchísima, muchísima ilusión estar aquí!», exclamó en varias ocasiones, dentro de un espectáculo en el que El mal querer ejerció de espina dorsal, pero en el que no dejó de anticipar temas inéditos, véase Como ali, De madrugá y Lo presiento.

No se dejó ni una versión a capella de su más reciente publicación, la rumba en catalán Milonària, que interpretaba por primera vez en directo y en la que los madrileños la acompañaron en la letra, igual que en los primeros compases del flamenco descarnado de Catalina, de su primer álbum, Los Ángeles, que consiguió enmudecer a la plana mayor de los miles de congregados.

Hasta con una versión de Te estoy amando locamente de Las Grecas se atrevió Rosalía, que tampoco dejó escapar canciones fruto de sus colaboraciones para otros discos, como la bella Barefoot In Tha Park, intimista pieza que grabó con James Blake, o más tarde Brillo, con J Balvin.

Cierto es que en un formato tan multitudinario se dispersa gran parte del sabor que Rosalía atesora en espacios más reducidos o íntimos y que el espectáculo perdió elementos escenográficos que la hicieron brillar por ejemplo a su paso por Sónar o Cultura Inquieta 2018, pero no cabe duda de que sigue habiendo mucho contenido que celebrar y una estrella de carácter a reivindicar.

Si Di mi nombre y Bagdad parecían haber puesto a los congregados en ebullición, no fue nada en comparación con el final bordado con su homenaje al reguetón clásico, Con altura, su celebración de la manicura y la personalidad en Aute Cuture (con bajada a la pista en un baño de masas) o Malamente, la definitiva explosión con la que todo comenzó.

Tras la actuación de Rosalía, llegó la sueca Lykke Li, con su pop rítmico e hipnótico, melancólico y sensual, preñado de r&b, para desgranar su último disco, el estupendo So Sad So Sexy (2018), en un espectáculo de luces tenebristas y cuero rojo que brilló especialmente con el tema titular y otros como Bad Woman en los que la norma es la nórdica contención con esporádicos latigazos.

I Follow Rivers, su ya viejo éxito internacional, no falló y levantó incluso a quienes no habían sabido superar el síndrome post-Rosalía, a tiempo para el final roquero de Bring Me The Horizon hasta pasada la medianoche.

Mad Cool regresa este jueves, con las máquinas ya a pleno rendimiento, para ofrecer en tres jornadas más de 30 horas de música y cabezas de cartel como The Cure, The Smashing Pumpkins, The National, Bon Iver, Lauryn Hill y Robyn, entre otros.

Rosalía sacude el Mad Cool

Bon Jovi tira de sus clásicos ochenteros y de coros para conquistar a 50.000 personas en el Wanda de Madrid

Con sus filas renovadas frente a un repertorio panorámico de 35 años en los que han vendido más de 130 millones de álbumes y han ofrecido más de 2.800 conciertos, Bon Jovi regresaron este domingo a España con un lifiting solo en el aspecto formal para acabar triunfando como siempre con su cara más clásica.

En una gira en la que están midiendo mucho los tiempos entre conciertos para no apurar las fuerzas, la banda ofreció una única cita en el país ante el aforo completo del Wanda Metropolitano, más de 50.000 personas, muchas de las cuales vivieron su anterior actuación en la ciudad, hace 6 años en el estadio Vicente Calderón, cuando la incluyeron sin cobrar un euro en plena crisis económica.

Junto a Jon Bon Jovi y los otros miembros fundadores David Bryan (teclados) y Tico Torres (batería), se presentó una alineación inédita en España integrada por el bajista Hugh McDonald, el multiinstrumententista Everett Bradley, el coproductor y compositor John Shanks y el guitarrista Phil X. «Nos hemos convertido en un nuevo y rejuvenecido grupo», prometía su líder en nota de prensa, una premisa que han intentado trasladar también al repertorio, no con un repaso intenso de su último álbum, This house is not for sale (2016), sino con un cribado de casi toda su discografía desde la publicación de Bon Jovi (1984), incluidos cortes de las menos exitosas últimas dos décadas.

Muy poco han tardado sin embargo en confiar en los grandes hits de los años 80 y primeros 90, pues tras el arranque con el corte que titula su último álbum, Bon Jovi encadenó Raise your hands, You give love a bad name y Born to be my baby, de sus celebrados álbumes Slippery when wet (198) y New Jersey (1988), que un tour más se han convertido en un importante granero de canciones.

Eso fue tras un arranque puntual, a las 22.00 horas de la noche, con un escenario menos artificioso que el frontal de buick de la vez anterior e integrado por tres colosales pantallas en las que proyectaron imágenes de Madrid que el público celebró como si se tratara de otro de los éxitos de su carrera. «¡Buenas noches, Madrid, es bueno estar de vuelta!», exclamó Jon Bon Jovi en español, para más júbilo de los asistentes que, como en anteriores conciertos en el Wanda Metropolitano, sufrieron una acústica borracha que hacía imposible no ya disfrutar de todo el empaque eléctrico y distinguir matices, sino las palabras que se cantaban.

Jon Bon Jovi estuvo alarmantemente falto de voz. Una dificultad resuelta con oficio vocal y con esas estudiadas poses de estrella y esas blanquísimas e irresistibles sonrisas que regala con la confianza de quien se sabe poseedor de un atractivo deslumbrante. Incluso algunas pistas de voz pregrabadas para apoyar también sonaron por ahí, convenientemente camufladas entre los coros de sus escuderos y los siempre necesarios aullidos del público disfrutón que prefiere cantar a escudriñar.

Un público lógicamente también más mayor y comprensivo, que perdona las carencias derivadas de la edad y que, después de pagar entradas desde 60 hasta 180 euros —las más cercanas al escenario—, incluso obvió como pudo la ‘acústica cáustica’ de este Wanda en el que ganar o perder dependió de la ubicación de cada cual.

Sin perder espíritu de júbilo en el ritmo del concierto se plantaron en el siglo XXI para interpretar temas tan recientes como Rollercoaster o Lost highway, aunque sus seguidores les demostraron con creces demandar mucho más aquellos temas «de hace 20 años, cuando llevaban el pelo largo», como Runaway, cuya singular secuencia inicial al sintetizador interrumpió como un rayo.

Ahí parece radicar el bálsamo antienvejecimiento de esta banda, que mantiene la fuerza en cortes relativamente recientes como Have a nice day, de 2005, pero que echa chispas a las cuerdas ante hits como Keep the faith, de 1992, que pese al tiempo transcurrido mantiene el tipo tan bien como Jon Bon Jovi, aún peinando canas a los 57 años de edad, no tanto como sus agudos. Para tomar aire, en el tramo cuyo guion suele variar según el concierto, esta vez se decantaron por las románticas Amen, teñida en azules, y Bed of roses, en rojos, otra compensación llegada desde el siglo pasado que fue recibida con suspiros al inicio y un mar de aplausos al final.

El canto efervescente colectivo regresó con otras dos explosiones de nostalgia: Blood on blood y, justo después, It’s my life, su último gran éxito planetario ya en la bisagra del cambio de la pasada centuria, tras los que han introducido Bless this mess, tercer y último corte extraído de This house is not for sale. A partir de ahí y de forma definitiva, el concierto tomó una vía directa a través del tiempo hacia la meta ganadora, entre la épica desértica de Wanted dead or alive, el punto góspel y comunal de Lay your hands on me, I’ll sleep when I’m dead y, sobre todo, con Bad medicine, un aparente colofón a dos horas de viaje energizante y bien distribuido al que aún le quedó gasolina para I’ll be there for you y, cómo no, Livin’ on a Prayer.

Originales de Neil Young y The Who también se vieron afectados por el incendio de los estudios Universal

Neil Young y The Who son dos de los más de 700 artistas y grupos que el periódico The New York Times citó este martes como nuevos y posibles afectados por el incendio desatado en los estudios del grupo Universal en Los Ángeles (EE UU) en 2008.

El periódico neoyorquino publicó hace dos semanas una exclusiva en la que aseguraba que ese fuego había destruido grabaciones originales de un centenar de artistas como Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Aretha Franklin, Ray Charles, Joan Baez, Sonny y Cher, Elton John, Eric Clapton, Aerosmith, Janet Jackson, Snoop Dogg, Nirvana, R.E.M., The Eagles o 50 Cent, entre otros.

La multinacional, sin embargo, mantuvo bajo secreto durante años que posiblemente había perdido un tesoro musical.

The New York Times dio este martes más detalles de los posibles afectados tomando como base los informes internos de Universal, que todavía está tratando de averiguar con exactitud qué material se perdió para siempre entre las llamas.

Entre esa lista extra de más de 700 artistas y músicos que publicó este martes el diario figuran, además de los mencionados Neil Young y The Who, Dolly Parton, Petula Clark, Joe Cocker, Crosby & Nash, Peter Frampton, Cher, Tom Jones, The Damned, Phil Ochs, Boston, The Damned, The Wallflowers, Bryan Adams, Pat Boone, Glen Campbell, The Carter Family, Elmore James, Milton Nascimento, Buffy Sainte-Marie o Busta Rhymes.

Jerry Lee Lewis, Ennio Morricone, Blink-182, Olivia Newton-John, Weezer, Common, Limp Bizkit, Xavier Cugat, John Fogerty, The Neville Brothers, Leon Russell, Wishbone Ash o Rob Zombie también aparecen en esa relación de posibles afectados a la espera de la confirmación oficial.

La importancia de estas grabaciones máster reside en que se trata del original de la canción o álbum que posteriormente se traslada a las grabaciones en vinilo, discos o MP3, entre otros soportes, y en que se usan como base para reediciones o remasterizaciones.

También se trata de grabaciones en las que puede haber temas inéditos o pistas que no vieron la luz en su momento.

El pasado viernes, los herederos o representantes de Tupac Shakur, Soundgarden, Hole, Tom Petty y Steve Earle interpusieron una demanda contra Universal y le reclamaron al menos 100 millones de dólares de indemnización por lo sucedido.

Mick Jagger reaparece lleno de energía en Chicago tras su operación de corazón

Con un Mick Jagger rejuvenecido y energético como siempre, sin rastros de su reciente operación de corazón, los Rolling Stones iniciaron en Chicago este viernes por la noche su gira No Filter (Sin filtro) por Norteamérica, que finalizará el 31 de agosto en Miami después de 17 conciertos.

Fue la primera presentación en público de Jagger después que le reemplazaran la válvula cardíaca en abril pasado, pero el legendario cantante se movió como tiene acostumbrados a sus seguidores en el escenario, con sus habituales contorsiones.

Según reportes de prensa, un médico cardiólogo estuvo a la orden durante el concierto, pero no fue necesario, porque el cantante de 75 años se veía en forma, enérgico y particularmente animado.

Mick Jagger recorrió más millas que un maratonista en el amplio escenario levantado en el estadio Field, escribió el cronista del Chicago Tribune, y si la gente del libro Guinness hubiera estado presente, «registraría su récord de cambios de vestimenta en escena», desplazando a la cantante estadounidense Cher, agregó.

Conversador con el público, como es habitual, Jagger no hizo referencia en ningún momento a su enfermedad, dijo que este era el trigésimo octavo concierto de la banda en Chicago y el octavo en el mismo escenario.

Pero a continuación interpretó la balada Angie acompañado de guitarra acústica y cuando cantó la frase «¿No es estupendo estar vivo?», los 60.000 espectadores estallaron en aplausos.

El concierto duró dos horas, durante las cuales la mítica banda británica interpretó 20 de sus grandes éxitos, pero ninguna de las canciones de su álbum más reciente de 2016, Blue & Lonesome.

El público vibró con viejos clásicos como Tumbling Dice, Start Me Up, Brown Sugar, Honky Tonk Women, Let’s Spend the Night Together, Gimme Shelter, Sympathy for the Devil y You Can’t Always Get What You Want, hasta el cierre con Satisfaction y el estallido de fuegos artificiales.

La gira, que tuvo que ser aplazada y reprogramada por los problemas de salud de su líder, incluye un nuevo concierto en Chicago el martes, y luego cruzará la frontera norte de Estados Unidos para presentarse en Ontario, Canadá (29 de junio).

El recorrido seguirá por Washington DC (3 de julio), Foxboro (7 de julio), Nueva Orleans (14 de julio), Jacksonville (19 de julio) y Filadelfia (23 de julio).

Después vendrán los conciertos en Houston (27 de julio), East Rutherford (1 y 5 de agosto), Denver (10 de agosto), Seattle (14 de agosto), Santa Clara (18 de agosto), Pasadena (22 de agosto), Glendale (26 de agosto) y finalmente Miami (31 de agosto).

Manuel Carrasco y Sevilla, un idilio sin límites

Manuel Carrasco y Sevilla, Sevilla y Manuel Carrasco. Tanto monta, monta tanto. Ambos conforman el binomio perfecto de las emociones. Un matrimonio bien avenido que se declara amor eterno en cada encuentro. Cuando ambos se miran a los ojos son capaces de agitar los sentimientos y provocar esa magia casi mística que tan de vez en cuando se da en un espectáculo, pero que cuando ocurre es algo realmente bello (posiblemente y entre otras cosas, por eso mismo, por apenas suceder). Anoche, en el estadio Benito Villamarín, tuvo lugar una de esas extraordinarias ocasiones.

El listón estaba por las nubes con el concierto que ofreció hace tres años en el estadio de La Cartuja y el de las pasadas navidades en la Plaza de España, pero Manuel volvió a salir ayer con toda la cuerda dada desde la inicial «Me dijeron de pequeño» —con una preciosa introducción en off cantándole a su hija el amor que siente por Sevilla— e igualó sus propias marcas anteriores. Incluso, algunos de los presentes hablaban de que las superó. Sea como fuere, 45000 personas gritaron, saltaron, bailaron y lloraron de emocióngracias a un artista en estado de gracia que supo transformar como pocos el lenguaje del alma en armonía.

«Sevilla, estás empeñada en estar presente en los momentos más importantes de mi vida, vamos a darnos el corazón, que es lo que mejor sabemos hacer», gritó enormemente feliz.

Entregado en cuerpo y alma durante las casi tres horas que duró el concierto (acabó casi a la una y media de la mañana entre vistosos fuegos artificiales), el onubense derrochó autenticidad en cada uno de los versos que se proyectaban por las resonancias sureñas de su garganta: a veces con claras reminiscencias flamencas, a veces sonando a pasodoble del mejor carnaval, pero siempre con un sonido netamente enraizado en lo andaluz.

Manuel Carrasco transitó como pez en el agua por los vericuetos del corazón, ésos a través de los cuales accede con suma sutileza a la fibra sensible del oyente. Ya fuese con el clásico desamor («Sabrás», «Y ahora»), empatizando y lanzando fuerzas a todas esas mujeres que sufren el dichoso cáncer de mama («Mujer de las mil batallas»), criticando el maltrato («Que nadie») o insuflando ánimos a los niños enfermos («Siempre fuertes», un tema que dedicó a Elena y Alba, dos niñas de la planta de oncología del hospital Virgen del Rocío que estaban presentes en el concierto).

Asimismo, gracias a canciones como «Ya no», «No dejes de soñar», «Tambores de guerra» o «Déjame ser» y «Uno x uno», coreadas a viva voz desde sus primeras notas, Carrasco erizó la piel de los miles de asistentes. Precisamente tras terminar esta última, el cantautor, que alternó momentos de euforia total (que sea hacían patentes con una sonrisa de oreja a oreja y unas carreras muy stonianas) con otros en los que no ocultaba que estaba visiblemente emocionado, cedió a lo que le dictaba el alma ante tantas sensaciones acumuladas y terminó llorando a lágrima viva.

El cantautor estuvo acompañado por una banda compuesta por seis músicos que rayaron a gran altura durante toda la noche, y que estuvo liderada por su director musical David Carrasco (reputado saxofonista que anteriormente ha tocado con artistas de la talla de Raphael, Fito y Fitipaldis, Jorge Drexler o M-Clan), quien destacó sobremanera en dos extraordinarios solos en «Te busco una estrella» y «Amor planetario».

No obstante, Manuel Carrasco demostró en más de una ocasión (y de dos) a lo largo de la noche que es un artista de voz poderosa y alta expresividad capaz de desarrollar música suntuosa sin ayuda externa.Así quedó más que patente cuando cantó acompañado solo por su guitarra («Menos mal») o sentado al piano («Mi única bandera», tema dedicado a su hija).

En este sentido, queda para el recuerdo de los presentes las bulerías de creación propia dedicados a Sevilla y Triana, a su Semana Santa, a sus fiestas y a sus rincones exquisitos. Cantes que enlazó entre la cerrada ovación con la bella «Yo me quedo en Sevilla», de los míticos Pata Negra. A esa hora, pasada la una de la madrugada, el delirio se había instalado de facto en las gradas y el césped del estadio del Betis. Y ése fue el momento más álgido de dicho estado. Sin duda, una noche para no olvidar y que queda en la retina musical de la ciudad como uno de los más grandes episodios jamás escritos en la capital hispalense.

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